miércoles, 6 de agosto de 2008

La clase media


A fuerza de ser sincero debo decirles que este escrito que está debajo de mis líneas, lo robé de internet, de un tal Alejandro Seselovsky; y también debo decir que lo modifiqué... tan sólo un poco, porque estaba casi perfecto; de no ser que se refería a la clase media porteña parece que se refiere a todo lo que me circunda; por eso, y con la debida disculpa a Alejandro, se lo dejo para que se relaman.

"Jamás, de ninguna manera, se me ocurriría mandar un poquito bien a la concha de su madre a la clase media Argentina. Inflo el pecho para decirlo: Mi Clase Media. La que ahora se siente satisfecha de sí misma cuando boquea con suficiencia su nueva y tan saludable proclama: ¡Qué bien Cobos! La clase media que puteaba a los piqueteros del hambre porque la hacían llegar tarde a la terapia y que ahora se compra la banderita y va al acto del campo para sentirse solidaria, para sentirse una hermana federal. La que lee El Litoral en los barcitos de la peatonal y que siente que Grondona ya fue, pero qué bien este Joaquín Morales Solá, cómo piensa. La que de ninguna manera se espanta con los negros que llegan en carritos del borde oeste pero en el fondo preferiría que hubiera menos carros, menos negros y de paso menos borde oeste. Así, de un plumazo, que no hubiera: por qué tiene que seguir habiendo. La que putea a los chicos del call center cuando el celular no le manda bien los mensajes de texto. La clase media que en el 95 votó a Menem porque se quería seguir yendo a Nueva York con los 1000 pesos de su salario dolarizado mientras rosarinos desclasados carneaban vacas sobre la avenida Circunvalación o neuquinos expulsados de sus empleos tras la privatización de YPF cortaban caminos en Cutral Có, pero que cuando le tocaron los plazos fijos sintió que lo que le estaban tocando era el culo, y salió a cacerolear porque con el hambre de gente que vive en esos taperíos no sé, pero con los plazos fijos no se jode.

Esa mezquina, desmemoriada, garca, egoísta, autoindulgente, vigilante y un poco bastante gallina clase media que se indigna con la marca de la cartera de nuestra señora presidenta, que ve allí, en esa exaltación del consumo por el que muere mil veces, los grandes males de la patria. Y entonces se sube con la virgencita a gritar Argentina, Argentina y le estampa un beso a Luciano Miguens y le agradece por defendernos del gobierno que le cae mal: cuestión de piel, ¿viste? Nos cae mal.

La clase media vecinalista que está pensando en los destinos del país y que cree fervientemente que nos vamos a ir para arriba el día que saquen a patadas en el culo a todos los limpiavidrios de la ciudad, porque te rayan el auto y el auto de la clase media es la proyección de un ser supremo nacional, incluso por encima de los plazos fijos, fíjense.

En el 82 llenó la plaza porque creía en sus generales y en que la guerra era una guerra ganada y en 2004 le firmó las papeletas al ingeniero Blumberg porque creía que de verdad era ingeniero y que iba a terminar con la inseguridad, esa cosa mala que inventaron los pobres y sobre la cual la clase media no siente que tenga ninguna responsabilidad social, por qué iba a tenerla.

Supongo, que será el destino divino, tan fino, tan occidental y cristiano. Cosmopolita y parisino.

Nací y crecí en esa clase media. La clase que se siente bien de sí misma porque no se mete en política, nunca se ha metido, siempre fue antiperonista. A esa clase le conozco sus clubes y sus colegios privados, caros, exclusivos y tan católicos. Yo soy ella, así que no, jamás. Mandarla a la concha de su madre. ¡Cómo se me va a ocurrir!"