miércoles, 12 de marzo de 2008

Maravillosa anédocta



¿No les asombran aquellas personas que muestran la brillante habilidad para decir las cosas o responder con frases a la velocidad del rayo? Voy a dejarles una de las anécdotas más brillantes que he leído y que tuvo como a uno de sus protagonistas a Jorge Luis Borges, mostrando cómo la sorpresa que produce un agudo ingenio, puede atravesar ideologías y sentimientos merced a su velocidad ipso-fáctica.

“Tiempo atrás, cuando Perón y Borges vivían y disentían públicamente, había un joven muy peronista militante dispuesto a todo, que odiaba mucho al segundo, al que consideraba un enemigo de la patria y un aliado a la oligarquía. Sucedió un día que el joven militante ultraperonista viera a su odiado enemigo solo, esperando que alguien lo cruzara por una avenida muy transitada. Se acercó con una terrible idea en la cabeza, pensó cruzar al ilustre ciego y abandonarlo a su suerte en medio de la avenida. Se acercó, tomó el brazo de Borges y le dijo:
- ¿Me permite maestro? y comenzaron a cruzar lentamente hacia la otra vereda.
Tal como lo había pensado, en medio de la avenida, comenzó a soltarle el brazo al tiempo que le decía con un tono de voz socarrón:
- ¿Sabe una cosa Borges? Yo soy peronista.
Al toque el maestro le respondió:
- No se preocupe muchacho, yo también soy ciego.
Contó luego el muchacho, que por supuesto terminó de cruzarlo, que nunca dejó de ser peronista, pero que desde ese día también fue borgista.”


No es buen negocio para un peronista contar esto, pero creo que el humor supremo mejora la especie.